lunes, 8 de febrero de 2010

Save it 'till the morning after

No puedes estar triste, es decir, tener una pena verdadera. La hipermodernidad no lo permite, el consuelo no existe sino un vaso de alcohol. I’m fucked up, no se me da. Tengo casi un año fuera de mi país y todavía mi nombre retumba en casa, mi cama no ha estado caliente, nadie se ha enredado en mi pelo. Oigo una cajita de música con nostalgia y me recuerdo en las calles de París pensando en que todo estará bien. Sé que sí, pero no sé cuándo. No puedo dejar de fumar, me sentiría más sola. A veces veo tu rostro en el humo y me contento, a veces sólo me quemo la garganta para no llorar. Recuerdo recuerdos que son cenizas en la realidad puedo verme sonreír, puedo verme radiante y soberbia, bailando como una niña en el edén. Hoy el espejo me condena, mi cuerpo se ha tensado y acomodado, mi cabello brilla, veo a la mujer que siempre quise ser. Esbelta, hermosa, inteligente, talentosa pero con huecos en los ojos, con pupilas muy oscuras que llegan a las pestañas, luchando en la oscuridad. Hasta la ceguera se me da, no me permite reposo. Es activa, acelerada, late fuertemente y da asma.

En mi cuarto tengo un santuario, en mi corazón un cementerio de imágenes, se me permitió otra oportunidad. Sólo tengo que dejar de rezar.

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